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Ángel misionero

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vecillasmallJosé Luis Vecillas, misionero seglar

 ¿Qué tiene de especial la tumba con el siguiente epitafio?:
"JOSE LUIS
VECILLA MORILLAS
vecillatumbaANGEL
MISIONERO SEGLAR
RUEGA POR NOSOTROS
13 Mayo 1963
24 mayo 1964"
Nombre y apellidos no representan ningún problema. Lo que cuesta entender un poco es la palabra "ángel". No parece ser parte del nombre y nunca hemos oído hablar de ángeles misioneros. Además a los ángeles no se les entierra.

Las fechas a pie de lápida nos pueden ayudar a esclarecer el problema, se trata de la tumba de un niño de poco más de un año, sin lugar a dudas un ángel para los que le lloraron.

Pero entonces... ¿un niño de un año puede ser misionero? Por lo visto sí. La respuesta está en la ubicación de dicha tumba de la que todavía no hemos hablado. Esta tumba está ubicada en Taiwán, en el cementerio de la parroquia de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Tainan.
Y aunque parezca extraño, en 1964 ya se hablaba de misioneros seglares, y no sólo se hablaba sino que además los había.
La familia de José Luis llegó a Taiwán en febrero de 1962 escuchando la llamada misionera. Su padre llegaba a hacerse cargo del hospital que la misión de los dominicos tenía en la ciudad de Tainan. Un año más tarde nacería él. Su nacimiento fue motivo de alegría y de preocupación ya que su estado de salud nunca fue bueno. Así a los once días de su primer cumpleaños selló su vida como el misionero más joven de la misión de Taiwán.
vecillabigHoy sus restos descansan en el aparente anonimato, y casi en el olvido, poniendo su granito de arena ¿imperceptible? en los 150 años de la historia de la evangelización de Taiwán.
Quien seguro no ha olvidado a José Luis es su madre y hermanos. Así en diciembre del año 2008 su hermana Ester tuvo oportunidad de venir a Taiwán y comprobar que sus miedos a que la tumba de su hermano hubiera desaparecido eran infundados.
Cuatro meses más tarde con ocasión del día de los difuntos en el calendario chino el párroco se sorprendió al ver unas flores en la tumba de José Luis. ¿No era ésta una tumba de alguien caído en el olvido por más de 44 años? Había que saber quién había depositado esas flores.
Después de la Misa le faltó tiempo al párroco para acercarse a la tumba y cerciorarse que sus ojos no le engañaban. No tardó mucho en acercarse una parroquiana para explicarle quién era el niño enterrado allí. Además de contarle al párroco lo que Ester ya le había detallado en su visita; le dijo que cada vez que ella va al cementerio a llevar flores a las tumbas de sus familiares reserva unas pocas para depositarlas en ésta del hijo de quien habían sido sus vecinos y a quien ella había tenido en brazos más de una vez.

Pueda ser que un día en Taiwán nadie sepa de José Luis Vecilla Morillas. Que sus tiernos huesos se confundan ya con la tierra de esta isla que le vio nacer y morir, y con la que ya forman una sola cosa. Acaso llegue el tiempo en que nadie ponga flores en su tumba. O incluso hasta la tumba llegará a desaparecer.
Pero en la memoria de Dios seguro que José Luis vive para siempre y desde allí, como dice su tumba, ruega por nosotros. Por la misión de Taiwán, por quien le ha puesto flores todos estos años, y por quienes les hubiera gustado ponerlas.

Sirvan estas líneas para dar a conocer la existencia de este "ángel misionero".

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