UNA VEZ MÁS: SÍ A CUIDADOS PALIATIVOS
Eutanasia (terminar con la vida antes de su fin natural) está siguiendo los pasos letales del aborto en muchas partes del mundo occidental y de países más desarrollados.
Contra la eutanasia, la tradición cristiana propone y recomienda cuidados paliativos. Para enfrentarse al reto desde una perspectiva ética, teológica y espiritual, la Congregación Vaticana para la Doctrina de la Fe (CDF) -ahora Dicasterio- publicó una larga y densa carta fechada el 14 de julio del 2020 titulada Samaritanus Bonus, el Buen Samaritano. El subtítulo de la carta concretiza su contenido: Sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida. El texto de esta carta, aprobado por el Papa Francisco, tiene como objetivo generes tratar de “iluminar a los pastores y a los fieles en sus preocupaciones y en sus dudas acerca de la atención médica, espiritual y pastoral debida a los enfermos en las fases críticas y terminales de la vida”. El objetivo concreto y medular del documento es “reafirmar el mensaje del Evangelio y sus expresiones como fundamentos doctrinales propuestos por el Magisterio” y “proporcionar pautas pastorales precisas y concretas” (SB, Introducción).
El foco de los cuidados a los enfermos en la etapa final de la vida es el sufrimiento. Este sufrimiento –la cruz–, que tarde o temprano nos llega a todos, puede ser físico, psicológico, moral y espiritual. Ante el sufrimiento, los cristianos miran a Jesús crucificado que les invita y ayuda a aceptar el sufrimiento y los dolores de la vida con paciencia, fortaleza y esperanza. Todos estamos llamados a ayudar a nuestros hermanos y hermanas que sufren, sobre todo a quienes se encuentren en las últimas etapas de la vida.
Las columnas principales de una ética humanista, filosófica y teológica del cuidado integral de nuestros pacientes terminales: la experiencia humana del sufrimiento; la experiencia de Cristo crucificado y el sentido del dolor; la proclamación de la esperanza humana y teológica; la dignidad de la vida humana, que es sagrada e inviolable, y el derecho fundamental a la vida desde su inicio hasta su fin natural, que no debe cortarse antes de tiempo como defiende una ética utilitarista, la cual promueve una idea absolutista de la autonomía, y promueve conceptos falsos como “el derecho a morir”, “la calidad de vida”, y “la compasión”.
LA ENSEÑANZA DEL MAGISTERIO
En la quinta y última parte (SB, V) e, Samaritanus Bonus presenta, explica y desarrolla armónicamente la enseñanza tradicional de la Iglesia. El documento de la CDF va más allá de una La carta SB se centra en la eutanasia y el suicidio asistido, en el tratamiento médico agresivo y, sobre todo, en los cuidados paliativos.
Esta enseñanza trata de defender algo tan esencialmente positivo como es el derecho primario de todas las personas a la vida. No puede haber un derecho al suicidio ni a la eutanasia. El derecho a la vida de todo ser humano es fundamental
Debido a los adelantos de la ciencia, de la biomedicina, la vida humana puede ser prolongada artificialmente y cuando ya no ofrece beneficio verdadero al paciente terminal. Desde una dimensión ética y teológica, esta prolongación indebida no sería en realidad de la vida humana sino más bien de una vida que se está acabando. ¿Qué razón puede haber para usar medios ineficaces e inútiles de tratamiento médico -lo que se llama tratamiento agresivo–, cuando hay escasez de medios para otros muchos pacientes que los necesitan de verdad? El tratamiento agresivo –el uso de medios extraordinarios de tratamientos- es considerado generalmente como opcional, aunque desde una dimensión humana y cristiana sería generalmente mejor –y más justo- que no se usaran medios de tratamiento que en realidad no benefician al paciente que va a morir.
La decisión para usar o no usar estos medios extraordinarios ineficaces la tiene el paciente y/o su familia, que deberán dar o negar su consentimiento (informado o sustitutivo, respectivamente). Es bueno recordar que desde que un paciente se relaciona con su médico, entra en una “alianza terapéutica” que se prolongará hasta el final de la enfermedad o de la vida.
Cuidar de los pacientes es el objetivo permanente de la medicina. Un cuidado médico integral incluye curar cuando sea posible y ofrecer cuidados paliativos a enfermos terminales. Los diversos cuidados paliativos acompañan al paciente y a su familia en todas sus dimensiones, y así ayudan al enfermo a morir, cuando la muerte es inminente, a su tiempo: ni antes (como hace la eutanasia y el suicidio asistido) ni después (como lleva a cabo el tratamiento agresivo inútil, o la distanasia). Todas las personas tienen derecho a la vida, y también derecho a morir una muerte con verdadera dignidad (ortotanasia), esto es una muerte serena y pacífica.
Los cuidados paliativos verdaderos e íntegros son una expresión de compasión auténtica y de solidaridad empática. Tratan de resolver tres problemas conectados: el dolor, la posible sensación de soledad y abandono del paciente terminal, y las necesidades espirituales de los enfermos terminales. Los proveedores de la salud –médicos y enfermeras- tratan sobre todo de quitar o paliar el dolor; la familia y otras personas significativas ofrecen acompañamiento; y agentes pastorales cuidan de la vida espiritual de los enfermos en su etapa terminal.
Los agentes pastorales, en particular, ofrecen a pacientes y familias empatía, compasión y consolación, oración y los Sacramentos: “Toda persona tiene el derecho natural de ser atendido en esta hora suprema según las expresiones de la religión que profesa” (SB, V, 10).
Los cuidados paliativos “deben difundirse en el mundo. Hoy día todavía, y frecuentemente, no se da a los cuidados paliativos la importancia esencial que tienen, prefiriendo algunos, en su lugar, la ruta fácil de legalizar el recurso criminal a la eutanasia y al suicidio asistido. Los cuidados paliativos sí que benefician al paciente terminal. A este respecto se debe concretar que la nutrición y la hidratación –que no son propiamente cuidados médicos sino necesidades humanas, medios ordinarios de tratamiento- son parte significativa de los cuidados paliativos, incluso para los pacientes en estado vegetativo. “La obligatoriedad de este cuidado del enfermo a través de una apropiada hidratación y nutrición puede exigir en algunos casos el uso de una vía de administración artificial, con la condición de que esta no resulte dañina para el enfermo o provoque sufrimientos inaceptables para el paciente” (SB, V, 3).
Los cuidados paliativos tratan de hacer, más llevaderos e incluso significativos, el dolor y sufrimiento de los enfermos terminales. Los médicos pueden prescribir analgésicos y drogas, incluso las que llevan a una “profunda sedación paliativa”, que puede ocasionar la pérdida de conciencia y el adelantamiento de la muerte del paciente (cf. SB, V, 7). Esos analgésicos y drogas se les prescriben a los pacientes terminales que los necesitan y para paliar sus fuertes dolores, pero nunca con la intención de causar la muerte. Si se les prescribiera intentando la muerte se trataría de una práctica eutanásica y por tanto inaceptable (cf. SB, V, 7).
EL TESTIMONIO HACE CAMINO
El Magisterio de la Iglesia, fiel a la Palabra de Dios y a la Tradición Cristiana e intentando hacer el mansaje relevante, es claro y constantemente repetido, explicado y desarrollado. Mencionamos concretamente: colegios de medicina y enfermería, hospitales católicos, facultades eclesiásticas y escuelas católicas, y familias católicas.
Todos conocemos bien el principio básico y esencial sobre la vida: La vida humana debe defenderse desde el momento de la concepción hasta la muerte natural (también la pena de muerte va contra este principio radical de toda persona humana.
En su viaje a Francia (septiembre 25-28, 2026), el Papa León XIV visitó a los enfermos y personas discapacitadas en Lourdes. Ante ellos el papa dijo: “En nombre de la dignidad inalienable de la persona humana se debe rechazar firmemente la tentación de dar muerte bajo el pretexto de una falsa compasión”. En esta ocasión, el papa rechazó la llamada “ayuda a morir”. León XIV añadió: “Queridos hermanos y hermanas enfermos, quiero decir que ustedes no son una carga, son el corazón palpitante de nuestra humanidad y un tesoro precioso para la Iglesia”.
Pedimos al buen Dios, Señor de la vida y de la muerte, que nos ayude a ser buenos samaritanos para los que sufren. Recordamos una vez más las palabras de Jesús: Todas las veces que habéis hecho esto a un hermano vuestro que sufre, lo habéis hecho conmigo (cfr. Mt 25, 31-46). ### (F. Gómez Berlana OP)