MEDITACIONES CUARESMALES:  V. MARÍA, SIERVA DE DIOS
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MEDITACIONES CUARESMALES: V. MARÍA, SIERVA DE DIOS

 MEDITACIONES CUARESMALES:

V. MARÍA, SIERVA DE DIOS

 

EL CAMINO DE LA CUARESMA es una peregrinación de conversión, penitencia y reconciliación. Los Padres de la Iglesia, los santos nos invitan a un cambio de vida, metanoia, renovación. Entre los santos, María, que está sobre todos los santos y ángeles, nos llama a ser siervas y siervos de Dios, es decir, a hacer la voluntad de Dios.

Enel contexto de la cuaresma, reflexionamos sobre la servidumbre de María, de Jesús, y la nuestra.

 

MARÍA, SIERVA DE DIOS

Recordemos la escena de la Anunciación. María está rezando. El ángel Gabriel se la aparece y la dice: “El Señor está contigo… Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús…, Hijo del Altísimo… El Espíritu Santo vendrá sobre ti…, por eso el niño que nazca será santo y se llamará Hijo de Dios”.  María respondió: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,26-38), esto es, hágase en mí según la voluntad de Dios. 

A través de su vida, la Madre de Dios servirá a Dios y hará la voluntad de Dios. ¿Cómo? Obedeciendo (“hágase tu voluntad”), con humildad (“Dios ha mirado la humillación de su esclava”), con amor (María se apresuró a llevar al niño Jesús a Isabel y a servirla durante su embarazo), y orando siempre (ella meditaba en todo lo que ocurría alrededor de Jesús). La Virgen María es la persona más cercana a su Hijo Jesús, y la sierva de dolores.

Como sierva de Dios, nuestra Madre y Señora nos invita a ser también siervas y siervos de Dios, que es la mejor manera de hacer su santa voluntad y de amarle de verdad.  

Nuestra devoción especial a la Viren María (muy superior a nuestras devociones a santos y ángeles), nuestro amor filial hacia ella, nos lleva a Jesús, que es el objetivo de todas nuestras devociones a María y a los santos y ángeles. (Cf. LG, 66).  Nuestra Señora   es nuestra mejor intercesora ante Cristo, nuestro modelo en el seguimiento de Jesús, que es nuestro Camino para andar por la vida.

 

JESÚS NOS INVOTA A SER SIERVOS

Jesús es el Hijo de Dios y su siervo: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate por muchos” (Mt 20,28).  Él hace la voluntad de Dios siempre. Esta es la razón por la que se hizo carne: se hizo hombre para hacer la voluntad de Dios: “Yo hago siempre lo que le agrada al Padre (Jn 8,29); “Padre … no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42). Jesús es el varón de dolores que sufre y muere en la cruz para conseguir la salvación del mundo – de todos y cada uno de nosotros. El Siervo de Yahvé nunca abrió su boca, como un codero llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, no abrió la a boca” (He 8,32; cf. Is 53,7). Sí, “como un cordero, pero, en realidad, en lugar de un Cordero tenemos un hombre, y en el hombre, a Cristo que contiene todo” (Melitón de Sardis).

Somos criaturas e hijos de Dios Padre y por lo tanto sus siervos. El Salmista proclama: “Siervo tuyo soy” (S 9, 1-6). Jesús dijo a los apóstoles y nos dice: “Si alguno de vosotros quiere ser grande, que sea vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, que sea vuestro esclavo” (Mt 20,26-27).  Y San Pablo: somos “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1 Cor 4,1).

Como hermanos y hermanas, somos siervos/siervas de la Iglesia, nuestra madre y maestra: todos sus miembros somos siervos y las autoridades son líderes-siervos, y el Papa, siervo de los siervos de Dios (servus servorum Dei). Dios nos creó no porque tuviera necesidad de nosotros. sino poque quiere darnos la salvación, vida eterna con Él. San Ireneo escribe: “Esto es la gloria del hombre: permanecer firmes en el servicio de Dios”. Y añade: “Dios es misericordioso y desea dar su bendición a aquellos que perseveran en su servicio”. 

En la parábola de los viñadores perversos, estos maltratan a los criados enviados por el propietario de la viña para recoger los frutos que le pertenecen. El propietario envía finalmente a su hijo esperando que lo respeten. No solo no lo respetan, sino que lo matan (Mt 21,33-46). El hijo del propietario (Dios Padre) representa al Hijo de Dios, el servo de los siervos.

Los siervos de Dios hacen -como Jesús, como María- la voluntad de Dios (cf. Mt 6,10).

 

EL SIERVO HCE LA VOLUNTAD DE DIOS

Hacer la voluntad de Dios significa “conformidad con la voluntad de Dios”, que consiste en una sumisión amorosa, total e íntima a su santa voluntad y una armonía de nuestra voluntad con la voluntad de Dios en todo lo que Él disponga y nos permita (Jordan Aumannn). Esto implica un santo abandono a la voluntad de Dios y una indiferencia hacia todo lo que no sea Dios. Hacer la voluntad de Dios como siervos penetra oda nuestra vida con gozo espiritual. Somos siervos alegres del buen Dios. Un gran poeta escribe: Estaba durmiendo y soñé que la vida era alegre; me desperté y vi que la vida era servicio; comencé a servir y vi que servir es alegría (Rabindranath Tagore).

     Hacer la voluntad de Dios es solo posible con la gracia y el amor de Dios. Sin embargo, nosotros debemos cooperar con la gracia y amor de Dios. San Agustín escribe: “hágase tu voluntad; que sea hecha por la gracia de Dios y, por nuestra parte, con solicitud y esfuerzo”: “Él que te creó sin ti, no te justificará sin ti”. Por tanto, la necesidad de una conversión continuada desde el pecado hasta la conversión progresiva.

     ¿Qué quiere Dio de nosotros? En primer lugar, Dios quiere darnos vida eterna; en segundo, Él quiere nuestra obediencia a sus mandamientos, y, en tercero, Dios desea la restauración de la dignidad original de la persona humana (Santo Tomás de Aquino). El Señor Dios quiere que seamos perfectos: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,3; cf. Ib. 5,3-12). La perfección, la santidad, la vida, el servicio incluyen necesariamente la cruz: “El que quiera venir detrás de mí, -Jesús nos dice-, niéguese a si mismo, tome su cruz y me siga” (Mt 16,24).

Unidos a la voluntad de Dios -a su amor-, llevando nuestra cruz individual, que es la cruz de la salvación, nos encontramos con Jesús: para todos lo santos: cuando llega la cruz, es el Señor el que llega. Recordemos: para los cristianos auténticos, “para los santos, Dios siempre tiene razón” (Urs von Balthasar).       Haciendo la voluntad de Dios como siervos lleva consigo -como nuestra Señora nos manifiesta claramente- obediencia, humildad, amor y oración. Tenemos que ser obedientes, esto es, hacer la voluntad de Dios y ser capaces de decir, como la sierva María: “fiat, que así sea, hágase en mí tu voluntad”. 

Para hacer la v0luntad de Dios debemos ser humiles: “El mayor de vosotros sea vuestro servidor. Pues el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado” (Mt 23,11-12). Dios dijo a Santa Catalina de Siena: Yo-Soy-El que Soy, tú eres la que no eres”. Un dicho de Jesús aparentemente duro: Cuando hayáis hecho lo que se os ha ordenado, decid: “Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer” (Lc 17,10). Ciertamente, “Podemos ser más útiles y efectivos cuando nos damos cuenta de que delante del Señor somos inútiles” (S. Pinckaers). 

Hacer la voluntad de Dios como sus siervos, necesitamos, sobre todo, amar  - amar con el amor de Dios. Solamente el amor nos hace salir de nosotros mismos –de nuestro “yo”-, vaciarnos de nosotros mismos para amar a Dios y al prójimo, compartir con otros y perdonar siempre – no como el siervo infiel (cf. Lc 12, 41-48).  

Como miembros de la Iglesia, debemos dar al mundo además de justicia (la tarea principal del Estado), “el servicio del amor”, que el mundo necesita. Este amor nos ayuda a “ver con los ojos de Cristo y a dar a otros la mirada del amor” (Benedicto XVI, DCE). El Papa Francisco nos pidió que cuando demos algo a un pobre, debemos mira a sus ojos con compasión. Como siervos de Dios Padre, de Cristo en el Espíritu Santo, estamos llamados a servir a los demás con amor misericordioso, practicando en nuestra vida cotidiana la ofrenda de nosotros mismos a nuestros hermanos y hermanas: una sonrisa serena, una presencia silenciosa, una palabra amable, un saludo cordial.

Para hacer la voluntad de Dios como sus siervos, necesitamos orar. Creemos en Dios, esperamos en Él y le amamos, y, por lo tanto, tenemos que rezar: la fe, la esperanza y la caridad oran. Jesús nos dice: “Orad siempre sin desfallecer jamás” (Lc 18,1). Como siervos e hijos de Dios -y como pecadores-, debemos rezar mucho. ¿Cuál es la mejor oración del mundo? “La oración más grande es ‘Hágase tu voluntad’” (W. Barclay). Nuestra cooperación con la gracia y el amor de Dios requiere de todos nosotros orar -siempre.

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CONCLUSIÓN

Jesús: “Yo vine a servir, no a ser servido. Vine a hacer la voluntad del Padre”. María: “Soy la sierva del Señor; que sea según tu palabra”.

     Santo Tomás Moro desobedeció al Rey (y como resultado fue martirizado), porque tenía que obedecer a Dios: “Soy -dijo- siervo del Rey, pero primero siervo del Señor”.

Somos siervos de Dios, siguiendo a Jesús, nuestro redentor y amigo; siguiendo a María, nuestra querida Madre. Buen Dios, con María, por Jesús, ¡ten piedad!  (FGB)