UNA VEZ MÁS: NO AL ABORTO
La vida humana es como una “prenda sin costuras” que no puede cortarse ni al principio ni al fin sin destruirla. ¿El aborto destruye o no destruye una vida humana? Vamos a intentar responder a esta pregunta crucial desde perspectiva ética.
Noticias y comentarios sobre el aborto aparecen continuamente en revistas y medios de comunicación, en las redes sociales.
El aborto directo, inducido o procurado, se define comúnmente como “la interrupción voluntaria de un embarazo antes de que sea viable”: la interrupción del embarazo desde la concepción hasta el nacimiento. Recuerdo las palabras de un famoso médico abortista que, después de haber llevado a cabo cientos y cientos de abortos, se convirtió en defensor acérrimo de la vida, sin excepciones, el Dr. B. Nathanson: “No tengo ninguna duda seria en mi mente de que la vida humana existe en el vientre de la madre desde el momento de la concepción”.
Aborto (o sea, aborto directo, querido como medio o fin es “el asesinato deliberado y directo, llevado a cabo por medios diferentes, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que se extiende desde la concepción hasta el nacimiento” (San Juan Pablo II, Evangelium Vitae, 58). Acentuamos que en esta definición el embrión o el feto es considerado no como un objeto o “ello” sino como un sujeto humano, esto es, como “él” o “ella”. La definición se aplica a todos los niños y niñas concebidos no nacidas, sin excepciones, porque todos y todas tienen el derecho a la vida desde el momento de su concepción hasta su nacimiento, incluyendo en particular el no nacido concebido como resultado de una violación (este terrible crimen no se borra cometiendo otro crimen horrible), o el niño que está enfermo (y debe ser tratado como otros enfermos). En los casos de conflicto maternal-fetal, la madre y su hijo o hija tienen derecho a la vida: la vida del no nacido no puede interrumpirse directamente para salvar la vida de la madre - y viceversa.
Cuando una madre no pueda por diversas razones cuidar del niño o niña en su vientre, y por ello quiera abortarlo (casi seguro, con mucha tristeza y dolor), que no mate a su criatura inocente e indefensa, sino que la ofrezca para ser adoptada. Con millones y millones de mujeres y hombres en el mundo, gritamos: No al aborto; sí a la adopción.
Cuando una persona está enferma, ¿qué debemos hacer? Intentamos que se cure: sea un anciano, un joven, o un niño nacido o no nacido. Con debido respeto, permítanme decir que el argumento usado - el de la compasión- no nos convence de ninguna manera: la compasión verdadera no mata, sino que intenta sanar, ayudar, y acompañar. Si se mata por compasión, se trata de una compasión falsa, de una compasión que es expresión letal de la cultura de la muerte, que denota (no en las madres) una actitud paternalista y arrogante.
En Francia, el aborto no es solo “el derecho a decidir” sino un derecho fundamental. En España, el gobierno socialista-comunista parece quere hacer lo mismo. Pero, ¿cómo el aborto puede ser un derecho fundamental? Por el contrario, sin el derecho más fundamental del niño concebido no nacido a la vida, no hay otro derecho para él. El derecho a la interrupción voluntaria del embarazo significa la destrucción de una vida prenatal, o de una vida humana en formación, o de una vida humana no nacida, que es “el más inocente y frágil de nuestra especie” (Alicia Latorre). ¿Un derecho?
Palabras claves -repetidas por el magisterio de la Iglesia Católica- del discurso del Papa León XIV al Congreso de los Diputados del Parlamento Español: “Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural” (Madrid, junio 8, 2026).El Papa añade: la vida humana debe ser reconocida como “un valor fundamental”.
Muchos y muchas personas que defienden el aborto nos dicen: el aborto es un derecho de las mujeres. Un gran “pero” ineludible: ¿y el derecho a la vid de los niños y niñas no nacidas? Nos siguen diciendo: Un requisito de la igualdad. Pero, ¿y el de los millones que creen firmemente, por “ideología diferente”, o por fe, que el aborto es un crimen? Preguntamos: ¿Dónde queda la tan cacareada libertad - libertad para todos? Quienes son proaborto añaden: El aborto es legal. Pero, ¿es éticamente correcto? Para nosotros, indudablemente, no.
El expresidente norteamericano Obama defendió celosamente el aborto. Dijo entonces como Presidente: “La posición del movimiento provida es un asalto a los derechos de la mujer.” ¿De vedad? El aborto es, más bien, un asalto al derecho a la vida de cada niño o niña no nacida. Con respeto: no hay derecho a abortar, esto es, no hay derecho a matar a un nasciturus, a una persona humana. Palabras de la que fue líder socialista Bibiana Aído: Un feto de13 semanas es un ser viviente, pero no un ser humano (enero 30, 2014). Permítasenos preguntar: ¿Qué clase de ser viviente? Nadie puede convertirse en persona humana si no lo fuera desde su concepción. ¿Cómo un individuo humano puede no ser una persona humana?
En este contexto, es de aplaudir la ley aprobada por la Comunidad de Madrid que otorga al nasciturus [al concebido no nacido] el estatus legal de “un miembro más de la unidad familiar a todos los efectos administrativos y autonómicos”. Esta ley vanguardista representa un gran paso al reconocimiento jurídico de la vida prenatal. Pero, ¿por qué solo después de las 14 semanas (en las que según la legislación española la madre embarazada puede abortar a su hijo o hija), y no desde el momento de la concepción en el que se inicia la vida humana y por tanto los derechos del niño concebido no nacido?
¿Qué diferencia básica, real hay entre un niño no nacido y un niño nacido? Como cristiano, recuerdo con emoción el encuentro de la Virgen María, embarazada con Jesús, con su prima Isabel, embarazada con Juan autista. Isabel: “Tan pronto como tu saludo [el de María] llegó a mis oídos, el niño [Juan Bautista] saltó de alegría en mi vientre” (Lc 1,44). Dos concebidos no nacidos: Jesús, el Hijo de Dios y de María, y Juan Bautista, profeta y precursor. Significativo: los católicos celebramos la fiesta de la Encarnación de Jesús el día 25 de marzo, y su nacimiento el 25 de diciembre. Similarmente, dos fiestas de María: diciembre 8 y septiembre 8.
El aborto de su niño o niña, ¿libera a su madre? Aplicar la pena de muerte -siempre condenable- a un ser humano inocente e indefenso es -como dijimos - una horrible expresión de la cultura de la muerte. Condenamos absolutamente el aborto y tratamos de hacerlo -como nos pide San Pedro- “con mansedumbre y respeto y con la conciencia tranquila” (1 Pe 3,16). Una sociedad justa y solidaria “debe liberar a las mujeres de la presión de abortar” (el Papa Francisco), de la presión política, social, e ideológica.
¿El aborto libera a las mujeres-madres, o las hace sufrir largamente? El síndrome posaborto es una realidad, y muy visible en bastantes casos, y en otros vendrá, generalmente, más tarde o más temprano.
La condena del aborto debe fundarse no en votos populares o políticos, no en mayorías, sino en razones objetivas fundadas en la naturaleza humana. Gandhi decía: “La verdad no es cuestión de mayorías”. Tampoco lo es la determinación del bien y del mal.
¡Añadido importante! En perspectiva cristiana, la Iglesia, siguiendo la Palabra de Dios y la tradición, condena doctrinalmente, y de forma absoluta, el aborto directo, y practica la compasión con las madres que abortan. La Iglesia, maestra y madre, invita insistentemente a todos, principalmente a los cristinos, a ser compasivos con las madres que abortan. Odiamos el mal, el pecado, y amamos el bien y ayudamos amorosamente -siguiendo a Cristo- a todos, en particular a los que sufren, incluyendo indudablemente a las madres que abortan a sus hijos o hijas no nacidas. Creemos, además, que la vida pertenece a Dios, que es el Señor de la Vida y la Muerte y nos dice: “No matarás” (Ex 20,13; cf. Mt 5,21-23). "Tuve hambre y me disteis de comer ..." (Mt 25, 35-36). Esta llamada [de Cristo al amor, en particular a los pobres] implica concretamente defender a los niños no nacidos y nacidos, y por igual, la vida de todos los pobres (el Papa Francisco, GE,101- 103). No olvidemos que Dios perdona siempre y todo mal a quienes se arrepienten.
Historia viviente, entre muchas otras. Una madre en Canadá estaba embarazada. Pensó en abortar a la niña en su vientre. Consultó a un sacerdote, que la convenció de que no acabara con la vida de la niña en su vientre. La niña nació. ¿Su nombre? Celine Dion. Todos y cada uno de los niños y niñas no nacidas tienen derecho a vivir.
Y para terminar, unas palabras significativas de Santa Teresa de Calcuta: “Para mí, las naciones con aborto legal son las naciones más pobres. El gran destructor de la paz hoy es el crimen del niño no nacido. Destruyendo el niño no nacido implica la destrucción de la imagen de Dios y del mundo… Si aceptamos que una madre puede matar incluso a su propio hijo, cómo podemos decir a otros que no se maten unos a otros”.(FGB)